• ELN. Daniela Ortiz

Intolerancia a la lactosa


La intolerancia a la lactosa es cuando el cuerpo es incapaz de digerir el azúcar de la leche (la lactosa) que se encuentra en productos lácteos.

Es un padecimiento común causado por una deficiencia en el cuerpo de la enzima lactasa, que en el intestino delgado ayuda a digerir lactosa. La mayoría de las personas nacen con la capacidad de producir lactasa, pero al envejecer los niveles de lactasa comienzan a disminuir. Por lo que la intolerancia a la lactosa se puede desarrollar a cualquier edad. Esto causa que la lactosa se vaya al colón sin digerir, donde las bacterias descomponen los azúcares y se crea un exceso de gas y líquido. Este proceso causa los signos comunes de intolerancia a la lactosa, los cuales son hinchazón, gases, calambres, náuseas y diarrea después de beber leche o comer productos lácteos.

Hay cuatro tipos de intolerancia a la lactosa:

Primario:

  • Intolerancia heredada.

  • La más común.

  • La producción de lactasa comienza a disminuir al envejecer al consumir menos lácteos, generalmente después de los 2 años.

  • Los síntomas pueden pasar desapercibidos hasta que uno es adulto.

Congénito:

  • Intolerancia heredada

  • Afección rara en bebés recién nacidos.

  • Ambos padres necesitan la mutación genética para transmitirla.

De desarrollo:

  • Normalmente temporal.

  • Encontrada en bebés prematuros con un intestino delgado que no está completamente desarrollado.

Secundario:

  • Se desarrolla cuando tiene un problema en el intestino delgado.

  • Puede ocurrir a cualquier edad.

  • Las posibles causas de intolerancia a la lactosa secundaria incluyen:

Colitis ulcerosa

Gastroenteritis

Enfermedad de Crohn

Enfermedad celíaca

Antibioticos

Quimioterapia

  • A medida que uno envejece, el cuerpo produce naturalmente menos lactasa. Esto puede causar un desarrollo de intolerancia a la lactosa secundaria sin una condición desencadenante.

Si tiene síntomas de intolerancia a la lactosa después de consumir productos lácteos, un médico puede confirmar el diagnóstico con una prueba clínica. La más común evalúa la reacción del cuerpo a una dosis de lactosa, en donde se consume una bebida con lactosa y se toma una muestra de sangre para medir los niveles de glucosa. Si el nivel de glucosa no aumenta, significa que el cuerpo no está digiriendo ni absorbiendo la lactosa correctamente. También se puede hacer una prueba de aliento, la cual

consiste en beber una bebida láctea y respirar en una bolsa con forma de globo para medir su nivel de hidrógeno. En condiciones normales después de consumir productos con lactosa hay poco hidrógeno en el aliento, una intolerancia causaría altos niveles de hidrógeno. Es importante obtener un diagnóstico para asegurar que el cuerpo está obteniendo suficiente calcio. Otras maneras de determinar una intolerancia es eliminar los productos lácteos de su dieta, si los signos continúan se sabe que el problema no es la leche.

No hay tratamientos médicos para la intolerancia a la lactosa o para aumentar los niveles de lactasa. Hay recomendaciones, como cambios a la dieta que ayudan a reducir signos y síntomas. Estos consisten en disminuir el consumo de leche y productos lácteos. Existen polvos que se pueden agregar a la leche que ayudan a descomponer la lactosa para que no se tenga que eliminar por completo de la dieta.

También se puede recomendar aumentar el consumo de otros alimentos con calcio, como brócoli, espinacas, sustitutos de la leche y productos fortificados con calcio. Porque el cuerpo necesita vitamina D para absorber el calcio, también se debe asegurar que se obtenga suficiente vitamina D. Se recomienda acudir con una nutriologa para obtener un plan de alimentación que asegure que se está obteniendo las cantidades correctas de micronutrientes (vitaminas y minerales) para evitar una deficiencia.

Daniela Ortiz Quiñones

Estudiante de la Licenciatura de Nutrición

daniela@habitosinteligentes.com

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